Santa María | Catolica Santa Maria | Santa Maria Madre de Dios

Santa María, Santa Maria Madre de Dios

“Cuando oí las palabras del ángel, sentí el más ferviente deseo de convertirme en la Madre de Dios, y mi alma dijo con amor: ‘¡Aquí estoy, hágase tu voluntad en mí!’ Al decir aquello, en ese momento y lugar, fue concebido mi Hijo en mi vientre con una inefable exultación de mi alma y de los miembros de mi cuerpo. Cuando Él estaba en mi vientre, lo engendré sin dolor alguno, sin pesadez ni cansancio en mi cuerpo. Me humillé en todo, sabiendo que portaba en mí al Todopoderoso. Cuando lo alumbré, lo hice sin dolor ni pecado, igual que cuando lo concebí, con tal exultación de alma y cuerpo que sentí como si caminara sobre el aire, gozando de todo.” (Revelaciones de Santa Brígida)

La Virgen María es la Madre de Dios


Santa María, que es verdadera Madre de Jesús, es verdadera Madre de Dios, porque Cristo, nuestro Redentor, es al mismo tiempo Verdadero Dios y Verdadero Hombre.

Santa María, que es verdadera Madre de Jesús, es verdadera Madre de Dios, porque Cristo, nuestro Redentor, es al mismo tiempo Verdadero Dios y Verdadero Hombre.

Este es el misterio principal y central de la vida de Santa María, del cual derivan y se fundamentan todos sus privile gios y todas sus perfecciones.

Al decir que María es Madre de Dios se afirman dos verdades:

1a) Santa María es verdadera Madre;

2a) Santa María es verdadera Madre de Dios.


Maria es verdadera Madre


Decir que María es verdadera Madre, significa que Ella contribuyó a la formación de la naturaleza humana de Cristo, del mismo modo que todas las madres contribuyen a la formación del fruto de sus entrañas. María es verdadera Madre porque Jesús es verdadero Hombre.

La Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo, se encarnó recibiendo de la purísimas entrañas de María, lo mismo que reciben los hijos de sus madres: "Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, formado de mujer y sometido a la Ley" (Gál. 4,4).

Jesús, en cuanto hombre, toma su cuerpo de María Santísima en el tiempo, y así lo ha expresado la fe de la Iglesia, recogida en el número 16 del Catecismo de San Pío X: "El Hijo de Dios se hizo hombre tomando, en las purísimas entrañas de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo, un cuerpo como el nuestro y un alma como la nuestra".


Maria es verdadera Madre de Dios


Decir que María es verdadera Madre de Dios significa que Ella concibió y dio a luz a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo, aunque no en cuanto a la naturaleza divina, sino en cuanto a la naturaleza humana que había asumi do.

"María sabe que el que lleva por nombre Jesús ha sido llamado por el ángel Hijo del Altísimo (cfr. Lc. 1,32). María sabe que lo ha concebido y dado a luz sin conocer varón, por obra del Espíritu Santo, con el poder del Altísimo, que ha extendido su sombra sobre Ella (cfr. Lc. 1,35). María sabe que el Hijo dado a luz virginalmente, es precisamente aquel "Santo", el "Hijo de Dios".


El Magisterio de la Iglesia


La enseñanza de la Iglesia es unánime e ininterrumpida sobre este punto fundamental del dogma católico.

a) Los Símbolos Apostólicos

En todos los Símbolos se afirma que Jesucristo nació de María Virgen. En el Credo confesamos nuestra fe diciendo: Jesucristo, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen, y se hizo hombre (cfr. Símbolos Apostólicos; Credo Niceno; Cons tantino-politano, etc.).

b) El Concilio de Efeso

Este Concilio, en el año 431, definió solemnemente que: "Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verda deramente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema" (Dz. 113).

Los siguientes Concilios repitieron y confirmaron esta doctrina: Conc. de Calcedonia, DZ. 148; Conc. II de Constantinopla, DZ. 218, 256; Conc. III de Constantinopla, DZ. 290; cfr. también DZ. 993, 1462, etcétera.

San Cirilo de Alejandría, expositor principal del Concilio de Efeso escribió: "Me extraña en gran manera que haya alguien que tenga duda alguna de si la Santísima Virgen ha de ser llamada Madre de Dios. En efecto, si nuestro Señor Jesucristo es Dios, ¿por qué razón la Santísima Virgen, que lo dio a luz, no ha de ser llamada Madre de Dios? Esta es la fe que nos trasmitieron los discípulos del Señor. Así nos lo han enseñado también los Santos Padres" (Carta 1,27;30).


La Sagrada Escritura


Es conveniente aclarar que la expresión Madre de Dios no aparece, como tal, en las Escrituras, pero sí sus equivalentes: Madre de Cristo, Madre de Jesús, Madre del Señor (cfr. Mt. 1,18; Jn. 19,25; Lc. 1,43; etc.).

a) El Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento aparece María como la mujer que será la Madre del Redentor, el Mesías prometido, en dos textos principalmente:

1o) Cuando Dios habla en el paraíso a la serpiente tentadora: Gén. 3,15, texto que se conoce con el nombre de protoevangelio: "Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia, El te aplastará la cabeza, y tú le acecharás su calcañar";

2o) Cuando Dios recuerda la promesa del Redentor en Is. 7,14: "El Señor mismo os dará por eso la señal: He aquí que una virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y será llamado Emmanuel".

b) El Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento aparece María como la mujer que concibe, da a luz y es Madre de Jesús.

Llegada “la plenitud de los tiempos" (Gál. 4,4) tiene lugar el cumplimiento de las profecías y se afirma su verdadera y propia maternidad:

Lc. 1,31 ss: "He aquí que concebirás en tu seno y parirás un hijo, a quien darás por nombre Jesús".

Lc. 1,35: "... lo que nacerá de ti será santo y será llamado ?Hijo de Dios".

Gál. 4,4: «... envió Dios a su Hijo, nacido de mujer".

Rom. 9,5: "Cristo, que es Dios, procede según la carne...", etc.

De los textos de la Sagrada Escritura se desprende clara mente que si uno y el mismo es el que fue engendrado por el Padre desde toda la eternidad y, en el tiempo, fue engendra do por la Virgen Madre, resulta que si ése es el Verbo de Dios, María es la Madre de Dios.

Lo que pertenece a Jesús, o se afirma de Él, pertenece a la Persona misma del Verbo, Hijo de Dios, o debe ser afirmado de Ella; así lo hace el Nuevo Testamento, por ejemplo: Jn. 1.14; Mt. 1,22 ss; Rom. 1,3; 9,5.., Gál. 4,4 ss.


La Sagrada Tradición


Los santos Padres durante los tres primeros siglos afirma ron la realidad, o el hecho, de la verdadera maternidad de María. Así, por ejemplo:

San Ireneo: "Este Cristo, que como Logos del Padre estaba con el Padre... fue dado a luz por una Virgen".

San Hipólito: "El Verbo descendió del cielo a la Santísima Virgen para que, encarnado en Ella y hecho hombre en todo menos en el pecado, salvara a Adán, que había perecido".

A partir del siglo IV, después de la definición Conciliar, emplean ya el término griego teotókos (Madre de Dios), por ejemplo:

San Atanasio: "Por nosotros, tomada carne de la Virgen María, Madre de Dios, hízose hombre".

San Gregorio Nacianceno: "Si alguno no reconoce a Santa María como Madre de Dios, es que se halla separado de Dios".

San Bernardo escribe: "El único nacimiento digno de Dios era el procedente de la Virgen; asimismo, la dignidad de la Virgen demandaba que quien naciere de ella no fuere otro que el mismo Dios. Por esto el Hacedor del hombre, al hacerse hombre, naciendo de la raza humana, tuvo que elegir, mejor dicho, que formar para sí, entre todas, una madre tal cual Él sabía que había de serle conveniente y agradable" (Homilía sobre la Virgen Madre, 2).


Las razones Teológicas


Es sorprendente que tantos no católicos tienen problemas con el título «María, Madre de Dios». Ellos admiten que María es la madre de Jesús, pero argumentan que no se considera «la madre de Dios». Los protestantes que sostienen que María no es la madre de Dios, no parecen darse cuenta de que no es lógicamente consistente en creer que Jesús es Dios, pero negar que María sea la madre de Dios. Esta posición en realidad niega la divinidad de Jesucristo, que es una persona divina con dos naturalezas.

Lo que es engendrado y nacido de María Virgen es el Verbo de Dios en la naturaleza humana. Ella concibe y da a luz a la Persona del Hijo de Dios, que asume la naturaleza humana, y por tanto, es Dios y es Hombre. El término de la concepción no es una naturaleza humana abstracta, sino una persona con creta. En este caso no se trata de una persona humana, porque Cristo no subsiste por una sustancia creada, sino increada, luego la Persona es divina; como María es la Madre de la Persona, luego María es la Madre de Dios.

2ª. Santo Tomás de Aquino lo explica del siguiente modo:

"María, por su divina maternidad, tiene una relación real con el Verbo de Dios hecho carne; esta relación se termina en la Persona increada del Verbo encarnado, pues Ella es la Madre de Jesús, que es Dios. La maternidad de María no se termina en la humanidad de Jesús, sino en la Persona misma, de Jesús: es Él, y no su humanidad, quien es el Hijo de María" (S.Th. 111,q.35,a.4).

Cristo, en virtud de la unión hipostática, es una sola Persona divina que subsiste en la naturaleza divina increada y en la naturaleza humana creada que es asumida.

Hecho: Jesucristo es Dios. La Biblia así nos lo enseña en muchos lugares (Juan 1:1; Juan 20:28; Juan 8:58; Isaías 9:6; etc.)

Hecho: María es la madre de Jesús. La Biblia así nos lo enseña en muchos lugares (Lucas 1:31; Mt. 1:25; etc.)

Conclusión indiscutible: María es la madre de Dios.

Lucas 1:31-32- “Y he aquí, [María] concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David.”

Isaías 7:14- “Por tanto el Señor mismo os dará señal: He aquí una virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel [Dios con nosotros].”

La Biblia indica que María es la madre de Emmanuel (que significa «Dios con nosotros»).

Lucas 1:43 – “[Elisabet dijo]: ¿Y de dónde esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?”

Elisabet también dice explícitamente que María es la madre del Señor. Ese es el único Señor Jesucristo, que es Dios.

Efesios 4:5- “Un Señor, una fe, un bautismo…”

Juan 20:28- “Y Tomás respondió, y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!”

Esto debería ser bastante simple. Por desgracia, no es suficiente para algunas personas. El error del protestante en este punto debe ser abordado de manera más completa y refutada.

Los protestantes señalan que la naturaleza divina de Dios es eterna y sin principio. Esto es cierto. Ellos argumentan que dado a que la naturaleza de Dios es eterna y sin duda no provino de María entonces María no puede decirse que es la «madre» de Dios. Este es el argumento principal que los protestantes hacen sobre este punto. Es un argumento muy defectuoso.

El error del protestante en este punto se deriva de atribuir a la persona del Hijo de Dios sólo lo que pertenece a su naturaleza divina. Es un error no atribuir a la persona del Hijo de Dios también lo que pertenece o corresponde a su naturaleza humana.

Puesto que el Hijo de Dios verdaderamente se hizo hombre, al no atribuir a Él también lo que pertenece a su naturaleza humana, en realidad niegan que Jesucristo sea al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre.

El Hijo de Dios, Jesucristo, es una persona divina (la segunda persona de la Santísima Trinidad), con dos naturalezas. Él es Dios verdadero y hombre verdadero. Jesucristo no es un hombre que estaba unido con o inspirado por Dios. No, Él es verdaderamente Dios que verdaderamente se hizo hombre.

Juan 1:14- “Y el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…”

Jesús no sólo era un humano especial que tuvo una inspiración única y la conexión al Verbo de Dios (el Hijo de Dios). No, Él es el Verbo de Dios hecha carne. Por lo tanto, el atribuir al Hijo de Dios sólo lo que pertenece específicamente a su naturaleza divina, y no también a lo que se aplica a su asumida naturaleza humana – como los protestantes hacen cuando niegan que María sea la Madre de Dios – es de dividir a Jesús en dos personas diferentes.

En el siglo 5 había cierto hereje que se llamaba Nestorio. Él argumentó como los protestantes de nuestros días en este punto. Él sostuvo que María no tenía que ser llamada Theotokos (madre/portadora de Dios), pero que solo Christotokos (portadora de Cristo). La Iglesia de inmediatamente reconoció la herejía de Nestorio y la condeno en el año 431 en el Concilio de Éfeso. La perspectiva falsa de Nestorio fue reconocida por la Iglesia como la herejía de cual la Biblia condeno como la «desunión» de Jesús y «anticristo». Esta falsa idea «desune» a Cristo separando de su única persona lo que pertenece a su naturaleza divina. Resultando en la división de Jesús en dos persona, y la posición de que Jesús solo fue un hombre que llevaba (o fue inspirado por) la persona de Dios, en vez de que la persona divina verdaderamente se hizo hombre. Esta herejía resulto en la adoración del hombre y de la adoración de dos hijos. La Iglesia vio esto claramente por lo que era y así lo condeno.

Segundo Concilio de Constantinopla, 553- “El santo Concilio de Éfeso… ha pronunciado la condenación contra la herejía de Nestorio… y todos, en algún tiempo después… adoptan la misma opinión que el sostuvo… Ellos expresan estas falsedades contra los verdaderos dogmas de la Iglesia, DANDO CULTO A DOS HIJOS, tratando de dividir lo que no se puede dividir E INTRODUCIENDO AL CIELO Y A LA TIERRA LA OFENSA DE LA ADORACION DEL HOMBRE. Sin embargo, el conjunto sagrado de espíritus celestiales adoran con nosotros el único Señor Jesucristo.”

Concilio de Éfeso, 431, canon 5: “Si alguno se atreve a decir que Cristo es hombre teóforo o portador de Dios y no, más bien, Dios verdadero, como hijo único y natural, según el «Verbo se hizo carne» y tuvo parte de modo semejante a nosotros en la carne y en la sangre [Hebr. 2, 14], sea anatema.”

Jesús no es de dos personas diferentes. Él es UNA PERSONA DIVINA con dos naturalezas. Por lo tanto, lo que le sucede a su naturaleza humana realmente le sucede a su única persona. Su persona fue concebida y nacido en su humanidad de María. Ella es, pues, verdaderamente su madre, y la madre de Dios.

El significado que entraña esta verdad es impresionante. Como la Iglesia siempre ha enseñado, el Hijo de Dios, eterno e igual al Padre, tuvo dos nacimientos. Nació antes del tiempo, y desde toda la eternidad, de Dios el Padre (Juan 16:28; Juan 8:42.). Nació en el tiempo, como hombre, de María, su madre. Sólo María posee esta conexión inescrutable a Dios, a una persona de la Trinidad. Es a partir de esta verdad, que ella es verdaderamente Madre de Dios, vienen todas sus demás prerrogativas y privilegios únicos.


Errores Cristológicos y Mariológicos


Con objeto de entender un poco más el dogma de la maternidad divina, si recordamos los principales errores que se han dado en relación a la persona de Nuestro Señor Jesucristo, veremos como afectan directamente al recto entendimiento de la maternidad de María.

a) Los docetas, gnósticos y maniqueos

Ellos afirman que Cristo tenía tan sólo cuerpo aparente, o ciertamente real pero traído del cielo, de tal modo que pasó por el seno de María como el agua fluye por un acueducto. En consecuencia, la maternidad de María queda reducida a una maternidad aparente.

b) Los monofisitas

Apolinar de Laodicea y Eutiques afirmaron que en Cristo no hay más que una naturaleza especial formada por la divi nidad y la humanidad y, por tanto, Cristo no sería ni de naturaleza divina ni de naturaleza humana; por lo mismo, María no puede llamarse propiamente la Madre de Dios, sino Madre de Cristo o de Jesús.

c) Los nestorianos

Ellos niegan la unión hipostática del Verbo y, por consi guiente, destruyen la unidad de Persona en Jesucristo. Nestorio afirma en Cristo al hombre y al Verbo en Dios, pero unidos moralmente por la inhabitación del Verbo en el hombre; en consecuencia, María solamente puede ser la Madre del hombre Cristo, pero no puede llamarse la Madre de Dios.

Todos estos errores tienen como raíz que buscan conciliar en Cristo la unión de sus dos naturalezas entre sí; pero, como . humanidad no puede formar parte de la divinidad puesto que Dios es perfecto en grado absoluto, y ésta no admite cambio composición de ninguna especie; luego, la naturaleza humana sólo puede unirse a la Persona pre- existente del Verbo (c S.Th. III,q.2,a.6 ad 2).

Llamar a María Madre de Dios fue siem presentir común de los fieles y de la Iglesia, la cual llevó a cabo la definición del Dogma a partir de las controversias de los primeros siglos, que concluyen con las enseñanzas magisteriales en torno a la única Persona de Jesu cristo con dos naturalezas, la divina y la humana.


La piedad Mariana


La piedad del pueblo cristiano en su veneración a María, Madre de Dios, se ha plasmado en multitud de maneras; ofrecemos aquí tres valiosos testimonios:

1ª. La Antífona de la Antigua Misa de la Maternidad de María dice:

"Dichosa eres, Virgen María,
tú que has llevado al Creador
de todas las cosas".


2ª. El Himno Alma Redemptoris Mater:

"Salve, Madre soberana del Redentor,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar;
socorre al pueblo que sucumbe y
lucha por levantarse,
tú que para asombro de la naturaleza
has dado el ser humano a tu Creador.
Virgen antes y después del parto, que
recibiste aquel saludo de la boca de Gabriel,
ten piedad de nosotros".


3ª. La más antigua de las oraciones marianas:

Sub tutim praesidium.

"Bajo tu amparo nos acogemos
Santa Madre de Dios;
no desprecies las súplicas que te dirigimos
en nuestras necesidades, antes bien,
líbranos de todos los peligros.
Virgen gloriosa y bendita".


Revelación de Santa María


Palabras de la Madre de alabanza al Hijo y sobre cómo el Hijo glorioso compara a su dulce Madre con un lirio del campo.

Libro 1 - Capítulo 51

La Madre habló a su Hijo diciéndole: “¡Bendito sea tu nombre, Hijo mío, Jesucristo! ¡Alabada sea tu naturaleza humana que sobrepasa a toda la creación! ¡Gloria a tu naturaleza divina sobre todas las bondades! Tus naturalezas divina y humana son un solo Dios”. El Hijo respondió: “Madre mía, eres como una flor que ha crecido en un valle a cuyo alrededor hay cinco montañas. La flor ha crecido de tres raíces y tiene un tallo muy derecho, sin nudos. Esta flor tiene cinco pétalos suavísimos. El valle y su flor sobrepasaron a las cinco montañas y los pétalos de la flor se extienden sobre cada altura del cielo y sobre todos los coros de ángeles.

Tú, mi querida Madre, eres ese valle en virtud de la gran humildad que posees en comparación con los demás. Éste sobrepasa a las cinco montañas. La primera montaña fue Moisés, debido a su poder. Porque mantuvo el poder sobre mi pueblo por medio de la Ley, como si lo sostuviera firme en su puño. Pero tú mantuviste al Señor de toda Ley en tu vientre y, por ello, eres más alta que esa montaña. La segunda montaña fue Elías, quien fue tan santo que su cuerpo y su alma ascendieron al lugar sagrado. Tú, sin embargo, querida Madre, fuiste asunta en alma al trono de Dios sobre todos los coros de los ángeles y tu más puro cuerpo está allí junto a tu alma. Tú, por tanto, mi querida Madre, eres más alta que Elías.

La tercera montaña fue la gran fuerza que poseía Sansón en comparación con otros hombres. Aún así, el demonio lo venció con argucias. Pero tú venciste al demonio por tu fuerza. Así pues, tú eres más fuerte que Sansón. La cuarta montaña fue David, un hombre acorde con mi corazón y deseos, que sin embargo cayó en el pecado. Pero tú, Madre mía, te sometiste completamente a mi voluntad y nunca pecaste. La quinta montaña era Salomón, quien estaba lleno de sabiduría, pero pese a ello se hizo fatuo. Tú, en cambio, Madre, estabas llena de toda la sabiduría y nunca fuiste ignorante ni engañada. Eres, pues, más alta que Salomón.

La flor brotó de tres raíces en el sentido de que tú poseíste tres cualidades: obediencia, caridad y entendimiento divino. De estas tres raíces creció el más derecho de los tallos, sin un solo nudo, es decir, tu voluntad no se inclinó a nada más que a mi deseo. La flor también tenía cinco pétalos más altos que todos los coros de los ángeles. Tú, Madre mía, eres en efecto la flor de esos cinco pétalos. El primer pétalo es tu nobleza, que es tan grande que mis ángeles, que son nobles en mi presencia, al observar tu nobleza la vieron por encima de ellos y más exaltada que su propia santidad y nobleza.

Tu eres, por tanto, más alta que los ángeles. El segundo pétalo es tu misericordia, que fue tan grande que, cuando viste la miseria de las almas, te compadeciste de ellas y sufriste enormemente el dolor de mi muerte. Los ángeles están llenos de misericordia, aún así, nunca sufren dolor. Tú, sin embargo, amada Madre, tuviste piedad de los miserables a la vez que experimentaste todo el dolor de mi muerte y, por esta merced, preferiste sufrir el dolor que librarte de él. Es por esto que tu misericordia sobrepasó a la de todos los ángeles.

El tercer pétalo es tu dulce amabilidad. Los ángeles son dulces y amables, desean el bien para todos, pero tú, mi queridísima Madre, tuviste tan buena voluntad como un ángel, en tu alma y en tu cuerpo antes de tu muerte, e hiciste el bien a todos. Y ahora no rehúsas atender a nadie que rece razonablemente por su propio bien. Así, tu amabilidad es más excelente que la de los ángeles. El cuarto pétalo es tu pulcritud. Cada uno de los ángeles admira la pureza de los demás y ellos admiran la pulcritud de todas las almas y de todos los cuerpos. Sin embargo, ven que la pureza de tu alma está por encima del resto de la creación y que la nobleza de tu cuerpo excede a la de todos los seres humanos que han sido creados.

Así, tu pulcritud sobrepasa a la de todos los ángeles y toda la creación. El quinto pétalo fue tu gozo divino, pues nada te deleitó más que Dios, lo mismo que nada deleita a los ángeles más que Dios. Cada uno de ellos conoce y conoció su propio gozo dentro de sí. Pero cuando vieron tu gozo en Dios dentro de ti, les pareció a cada uno en su conciencia que su propia alegría resplandecía en ellos como una luz en el amor de Dios. Percibieron tu gozo como una grandísima hoguera, ardiendo con el más encendido de los fuegos, con llamaradas tan altas que se acercaban a mi divinidad. Por ello, dulcísimo Madre, tu divina alegría ardió muy por encima de la de los coros de los ángeles.

Esta flor, con estos cinco pétalos de nobleza, misericordia, amabilidad, pulcritud y sumo gozo, era dulcísima en todas sus facetas. Quien quiera que desee probar su dulzura debe acercarse a ella y recibirla dentro de sí. Esto fue lo que tú hiciste, buena Madre. Porque tú fuiste tan dulce para mi Padre que él recibió todo tu ser en su Espíritu y tu dulzura le deleitó más que ninguna. Por el calor y energía del sol, la flor también engendra una semilla y, de ella, crece un fruto. ¡Bendito sea ese sol, o sea, mi divina naturaleza, que adoptó la naturaleza humana de tu vientre virginal! Igual que una semilla hace brotar las mismas flores donde sea que se siembre, así los miembros de mi cuerpo son como los tuyos en forma y aspecto, pese a que yo fui hombre y tú mujer virgen. Este valle, con su flor, fue elevado sobre todas las montañas cuando tu cuerpo, junto a tu santísima alma, fue elevado sobre todos los coros de los ángeles”.
Revelaciones Celestiales de Santa Brígida de Suecia

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